3 Días para Bercelona

Cuando estaba haciendo la carrera de Sommelier, en un trabajo práctico me pidieron que cuente una historia de una zona vitivínicola explicando la comida y la bebida de la región, costumbres y algo mas.
Decidí escribir una sección de mi viaje a Europa en 2012, con un 80% de realidad y un 20% de ficción explicando lo que viví en Barcelona.
Hace unos días lo volví a leer, y con el empujón de un amigo, me pareció que tiene buena info para viajeros que quieran conocer esa ciudad y que vale la pena compartirlo. Aca va. "3 días para Barcelona" por... Mi.

3 días para Barcelona


Desde siempre y a donde fuese que viaje, aplico tres técnicas indispensables y no excluyentes para conocer a fondo un lugar: Ir caminando a todos lados, comer comida regional y tomar vinos de la zona.


Mis viajes están compuestos de 2 fases: La fase de “planificación”, donde en Buenos Aires busco que hacer, a donde, como ir y estudiar los mapas del destino que elegí. Y la fase de “des-planificación”, donde una vez en destino, dejo de lado mi celular, mi GPS, los mapas y me baso simplemente en mi memoria y en amables “interrogatorios” a los lugareños en busca de recomendaciones no turísticas.
Mi paso por Barcelona no sería diferente. Una vez que retire mi mochila en el Aeropuerto de “El Prat”, encontré la “Sortida” y el“Jet lag” me permitió entender cómo sacar el pasaje del Aerobus. Fue así que me embarque finalmente en una nueva experiencia turístico-gastronómica.

Llegue a la plaza de Cataluña en pleno centro de Barcelona el 18 de Agosto de 2012 con 34 grados centígrados a la sombra. Mi Hostal llamado Khronos, ubicado en la Carrer de Mallorca y el Carrer de Roger de Llúria, se encontraba estratégicamente ubicado a no más de un kilómetro a la redonda de los principales centros turísticos de la ciudad y si mi memoria no me fallaba, a solo 2 o 3 cuadras del Passeig de Grácia y 10 de plaza Cataluña.
Así fue, solamente que a mitad de camino me di cuenta que eran las 13:30 hs en España y estaba mirando el reloj frente a un local de nombre “TapaTapa”, casualidad o no, lo tome como una señal del destino.

Con mi mochila apoyada a mi derecha, me senté en la barra frente a una carta en catalán. Lo primero que hice fue decirle al barman: “¿Disculpe, tendrá una carta en español?” a lo que amablemente (y acostumbrado) me respondió, “Todas están en español…¿Quieres una en Castellano?”… Entendí mi error y sin emitir palabra asentí con la cabeza con una mueca entre disculpas y vergüenza.

El mundo de las Tapas es sencillo, “mini raciones” de platos típicos cada uno con su precio individual y combinables al antojo del comensal, una especie de picada argentina donde uno podría decir: “Tráigame por favor: media morcilla, un huesito de asado de tira, una empanada salteña, 2 costillitas de chivito patagónico, media porción de fugazza rellena y un octavo de milanesa con fritas“
No tenía mucha hambre así que opte por algunas tapas típicas: Formatge Manxego (queso manchego), Truita de patates (tortilla de papas), Llangostins salats (langostinos al natural), Calamars a la Romana (Rabas) y un fuet de Vic (una especia de salamín). Para tomar y acompañar el calor, me decidí por una Sidra Trabanco tratando de seguir la tipicidad española.
Luego de pagar los 28 Euros al mesero, continué mi viaje al Hostal.

Así como llegue, me duche, me cambie de ropa y salí; tenía 3 días para Barcelona y quería aprovecharlos plenamente.
Mi primer destino fue las obras de Gaudí. Visite la casa Batlló, La casa Milá “La Pedrera” y llegue a eso de las 17:30 hs a La Sagrada Familia, la cual encontré cerrada al público a partir de la 17:00hs, así que seguí caminando.

Solo una imagen desde la cúpula de la Sagrada Familia

Por acto del destino o la suerte, camine por el Carrer de Sardenyay doble a la izquierda en el Carrer de Sant Antoni Maria Claret, lo que me llevo directamente al centro de la “Vila De Gracia”, justo en la fecha que se festeja “Las Festes” anuales de dicho barrio. Ahí conocí la arquitectura antigua de Barcelona decorada para los festejos, música en vivo, bailes y comidas al paso. Una experiencia inolvidable, sobre todo, por haber tenido “la suerte del viajero” como me gusta pensar.

De vuelta al centro, cruce la plaza Cataluña y me adentre en la Rambla caminando entre múltiples vendedores ambulantes y “suvenirs” de la ciudad.
De vuelta al hotel cruce la plaza del rey, me senté en un bar y me pedí unas patatas bravas con una pinta de Erdinger, en mi opinión, una de las mejores cervezas rubias del planeta. Si bien hubiera preferido una cerveza local, la oferta no era muy variada, así que opte por mi vieja acompañante de viajes alemana.
Al otro día, muy temprano, desayune en el hostal y fui a recorrer la sagrada familia para luego tomarme el metro rumbo a la zona “montaña”, en el norte de la ciudad, para recorrer durante la tarde el Parque Güel.

Tenía en mi mente la cena, así que volví temprano para bañarme y averiguar dónde podía cenar, había ido caminando a todos lados pero me faltaba lo más importante, comer y tomar vinos regionales.
Salí a eso de las 20:30 horas, esta vez con rumbo al barrio Gótico ya que tenía que conocerlo. Apenas llegué me sorprendió la majestuosidad de la catedral y como si fuera poco del interior del barrio resonaba el eco de una guitarra clásica “llorando” flamenco. Atraído por la música me encontré perdido y rodeado por las lúgubres paredes del barrio. Camine sin rumbo fijo hasta que, como salido de una película de BramStoker, encontré un minúsculo lugar llamado “Antic Bocoi del Gòtic”.

Tenía aproximadamente 20 metros cuadrados, elegí una mesa al fondo contra la pared y espere a que venga el mesero. Le dije “Buenas Noches, quiero una entrada, un plato principal y un postre, algo típico y local, usted me dice los platos y yo le digo con que vinos”
El mesero asintió y me dio su sugerencia, tome la carta de vinos y arme mi maridaje. La gastronomía de Cataluña es la típica mediterránea con variedad de frutos de mar, de la montaña y la huerta, con influencias de íberos, fenicios, griegos, romanos, árabes y judíos.
Como entrada, la sugerencia del mesero fue un “Lomo de bonito sobre escalibadas”, su nombre proviene del verbo en catalán “escalibar” que significa “asar al rescoldo”.Se realiza con los productos típicos de la región: berenjena, pimientos, cebolla y tomate asados, las verduras se dejan enfriar para después perlarlas y despepitarlas, luego se cortan en finas tiras y se condimentan con aceite de oliva y sal. En este caso con un lomo de bonito, un pescado azul de alto contenido graso, seguramente comprado la misma mañana en “La Boquería” un mercado inmenso y típico donde se puede ver y comprar todo tipo de productos gastronómicos, muy pintoresco y relativamente barato, hubiera sido un recurso valioso si tuviera donde cocinar en el Hostal.
Para acompañar este plato pensé inmediatamente en un blanco con cuerpo y me vino a la memoria la medalla de oro 2012 en la categoría Blancos con barrica de Penedés en abril de ese mismo año. Elegí de la carta un “Albet i Noya - El Fanio 2010 - D.O Penedes”, 100% Xarel-lo, ya que sus notas vegetales, así como sus notas de tostado, minerales y de pimienta blanca estarían al nivel de la escalibada vegetal que iba a degustar. Por otra parte estaba el carácter graso del Bonito, por lo que el paso por barrica, la acidez marcada y el cuerpo de este blanco le iban a poder hacer frente perfectamente al plato, limpiando el paladar a cada bocado.
Como plato principal, La mejor opción fue el “Fricandó de ternera”, también típico catalán y a pesar de que no es un plato visualmente “estético”, es una delicia.
Básicamente es un guisado de carne de ternera y setas, La carne debe cocinarse por alrededor de una hora en un sofrito de cebolla, tomates y aceite de oliva al que luego se le agrega vino tinto y caldo.
Para acompañar el Fricandó me remití a un vino tinto. La elección fue un blend del Priorat:“ Clos Mogador 2008 - DOQ Priorat”, un tinto principalmente de garnacha y cariñera con algo de cepas francesas y un envejecimiento en barrica y fudres por más de 20 meses; es un vino complejo con aromas a especias, eucaliptus, y frutas negras en mermelada y compota. Tiene un final largo y un peso en boca extraordinario. Las setas y el tenor graso de la ternera estofada y especiada van a combinar con la estructura del vino sin sacarse protagonismo el uno al otro.
Para finalizar llego el postre, se trataba del típico “Miel y mató”, un postre de Piñones, Miel, frutos rojos, mató (queso fresco regional de cabra u oveja) y aceite de oliva.Obviamente pensé en un vino de postre, revisando la carta de vinos encontré la elección perfecta. Un “Mistela de Vila Rodona – DO Terragona”: Vino licoroso de fermentación interrumpida por adición del alcohol. El equilibrio entre el dulzor y la acidez de este vino, se igualaría con el equilibrio del dulzor de la miel y la acides del mató, sin ser ninguno de los 2 invasivo sobre el compañero de experiencia.

El Maître del lugar, finalizada la cena y entendiendo que aún me faltaba algo para terminar, me invito sin cargo un café Bofarull con un puro 3 Reynas Toro Gordo. Acepte muy agradecido.
No recuerdo cuanto fue la cuenta final, pero tampoco importo mucho en ese momento.

Ya satisfecho con haber conocido parte de la cultura gastronómica y vitivinícola de Cataluña regrese al hostal con cierta dificultad por encontrar el camino de salida del Barrio Gótico, en parte por sus intrincadas callejuelas y también por el vino consumido.

Al otro día hice lo planificado, conocí “La Berceloneta” y la playa de Sitges donde pude sumergirme en el Mediterráneo. De vuelta en mi habitación, cansado pero contento, rearme mi mochila y arme el itinerario para lograr tomar el tren a tiempo que me llevaría a París al día siguiente, lugar donde me esperaba un nuevo mundo gastronómico y vitivinícola.

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